@Alicia_Hot 2.0

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jueves, 26 de mayo de 2016

Un prólogo para @Alicia.


Las primeras reuniones con la editorial fueron muy graciosas. Todo me sonaba a chino cantonés y necesitaba que todas las cosas del contrato y demás me las repitieran dos veces... y bueno, en realidad así sigue la cosa. Yo tenía una idea. Una idea genial. Quería que el poemario tuviera un prólogo, y que lo hiciera Marina Garcés. De hecho, ya se lo había hecho llegar a ella en .PDF aunque me temo que con escaso éxito, y resida en el fondo de armario de su buzón de entrada. El libro tiene una gran deuda con el colectivo Espai en Blanc en general, y con el trabajo de Garcés en particular. Directamente, como he explicado antes, el libro encontró final (y sentido) gracias a ellos, pero eso lo explicaremos en otra entrada.

Víctor Gallardo, editor en Esdrújula junto a Mariana Lozano, tenía una idea, una idea genial. Otra Marina, Amarna Miller, actriz, directora, productora y guionista de cine porno, además de escribiente en otras lides y licenciada en Bellas Artes, era su propuesta. Cuando me lo dijeron, junto a mi compañera María, analizamos pros y contras.

Sobre Garcés: si aceptaba, tendríamos el libro como un todo muy compacto. Previsiblemente, apoyaría la línea del poemario haciéndolo más sólido a nivel teórico.

Sobre Miller: lo más normal es que no aceptara. No sabíamos qué postura tendría sobre los poema. Podría darnos más visibilidad entre quienes no están en el pequeño circuito de la poesía, pero a la vez recibiríamos críticas de quienes sí lo están, y cuestionan todo lo mediático que pueda entrar, especialmente si es mujer y especialmente si hay un discurso explícito sobre el cuerpo (¡ay!, la viejita distancia cuerpo y alma...). Me generaba dudas ese no saber por dónde lo afrontaría, pero Google nos las disipó: Amarna es webcammer.

Fin del debate, está en el centro del negocio. Tenía vida, y no parecía de las que escriben por quedar bien. Aunque fuera totalmente contra el poemario, su prólogo tendría más sentido que cualquier otro porque hablaría desde su propia vida.

Además, en cualquier caso, las posibilidades de que acepte son... ¿de uno entre un millón? ¿Cuántos mails debe recibir? ¿Qué posibilidades tenemos de que simplemente lo lea?

Decía Aristóteles que lo improbable es extraordinariamente probable. Y resultó que Amarna metió a Alicia en @Alicia_Hot. Podéis leer su prólogo en la web del libro. Ahora, queremos aprovechar su visita a España para intentar apurar más el diálogo con ella.

Veamos qué grietas podemos abrir. Qué opciones de libertad encontramos.

Estáis más que invitados, ya lo sabéis: 2 de junio, 20h, en El Gato Verde de Lavapiés, c/ Torrecilla del Leal, 15.


sábado, 9 de enero de 2016

Fin del relato, comienzo de la historia.

"Elina" foto de Cristina Núñez.
Evidenciar el mecanismo de explotación de los cuerpos y los deseos llamado pornografía, su relación con la economía 2.0, y aportar una metáfora a esta libertad del decir / cárcel del hacer, a este follar everywhere, pero abrazar la nada... @Alicia_Hot tiene título, tiene subtítulo, y una buena carcasa de poemas que escoltan la idea. Uno de los centrales, es este que, definitivamente, aguantó las purgas stalinistas del autor, y sobrevivió para quedar en el libro final:

Porno yonqui divisa cuerpos oye orgasmos
en una COPIA DE LA COPIA DE LA COPIA,
burócrata pajillero de la era .com que sería un muerto
si la circulación internacional de capital financiero[1]
no le necesitara ahí, al pie del cañón,
eyaculando plusvalía sobre un teclado inalámbrico, manteniendo
viva
la promesa de un
#buenasnoches, amor.



[1] el 30% del tráfico web / el negocio es que circule / la información / los paquetes de bits / traducidos son mordiscos / lo que soporte la red / lo que soporte tu retina / lo que aguante / lo que te aguante dura / lo que te dura / la dopamina.


También tenemos la conciencia. Pornoyonqui no es un idiota, alguien que no sabe lo que hace. Eso es importante, En un mundo en el que tanta información tenemos, ¿cómo seguir creyendo en la vieja tópica de "lo hacen, pero no lo saben"? Es más bien al contrario: lo sabemos, y aún así, no imaginamos que exista otro hacer.

Y, además, tenemos el relato. Alicia y Pornoyonqui forman una relación que evoluciona, se encuentran, se saben. Se han encontrado en ese punto común que fue expropiado, pero sigue sin ser suyo. La pantalla es el símbolo de lo que les separa. La frontera que marca cómo todo es posible, todo puede ser mostrado y expuesto. Todo se puede, menos las consecuencias.


LA NATURALEZA DEL DISPOSITIVO
(y más que nada).

¿A quién le interesa ya
distinguir la ficción, desmontar la apariencia
más que a los románticos y a los poetas?
Bah… Cuánto se equivocan.
Sólo ellos pueden fingir.
Vivimos ya el fin de las máscaras, de las apariencias.
Avatar enterró a Gorgias.
Todo ha sido expuesto. Todo.
El cuerpo.

Y en la repetición del reflejo
en el borde de la diferencia,
enfoco a @Pantera.
Mi cam la graba en la pantalla
para que vea
cómo mi mano acaricia la imagen
de la imagen de su cara.
Donde vibra la apariencia, resbala
el avatar, donde mis manos
generan las hondas
del efecto agua          de la pantalla.
Donde el rastro de mis dedos
dibuja tu forma
ahora
con un tacto
que se desea ser más que nada.





Caricia en la carencia.
Lanzo
mi palo de ciego,
mi órdago contra la impotencia.

Ni lo esperas.
Ni es
veneno.



Están justo donde yo quería. Está acabado. No hay más. Impotencia, imposible más. Su relación, por sí misma, está agotada.

Y, si es así, no hay esperanza. Es el fin del relato, y el fin de la historia. Fukuyama ha ganado. Sin otro elemento, una relación liberal, como esta, marcada por lo imposible del bien común, al fin y al cabo Pornoyonqui y Alicia no pueden importarse más que en esa carencia, en esa desposesión. No hay entre ellos, nada común, a conquistar.

Si, por ejemplo, se enamoraran, sería ratificar esta impotencia por completo. El amor es ese elemento externo. Ha tenido que venir el amor, el deseo de ser pareja, a rescatarlos. Los ha llevado a otro lugar. Se encuentran en una habitación, en un Hotel, y se aterrizan el uno en el otro. Final feliz, sí, que parecería interesante y esperanzador pero, si lo leemos literalmente, estaría diciendo lo contrario: por sí misma, esta relación no lleva a nada. Sólo para los elegidos, los que sean rescatados mágicamente por otra instancia, podrán conquistar otro lugar. Podrán tener algo común. ¿No es al fin y al cabo ese el ideal de Meetic? En este mundo de máxima competitividad, puedes encontrar, mágicamente, alguien que te saque de él.

Luego hay que elegir entre dos opciones:

- Un diagnóstico que lleva a la impotencia, a evidenciar que el afecto, el sexo, ha sido privatizado y que nuestras pulsiones son mercantilizadas, pero que nada se puede dentro de esa lógica.

 Stanley Forman
- Un diagnóstico con salida, falsa, porque será apostillada a continuación. Esa vía de escape que les hace salir de esa lógica mágicamente. Proporcionar un relato, sí, en el que hay esperanza si dejas de ser lo que eres. Es decir, una trampa.

Es el momento del stand by. Si sólo esas dos son mis opciones, @Alicia_Hot nunca verá la luz. Si sólo eso es lo que tengo, si sólo ese es el fruto de mi trabajo, por interesante que sea introducir en el mundo de la poesía cómo funciona la trata posmoderna, no compensa pues sólo es un bonito letrero para cazar bienintencionadas formas de habitar el mundo.

O @Alicia_Hot se quedará en un archivo de mi portátil a pedales, o bien encontraré algo. Sí, "encontrar". Porque si ese "algo" a añadir, ese fin del relato, ese comienzo de la historia es posible, será añadiendo un final, será que no está todo dicho, será que hay algo más una vez diagnosticada la carencia. Si existe, lo encontraré. Si puedo pensarlo o imaginarlo, o intuirlo, es porque alguien ya lo está viviendo.

domingo, 3 de enero de 2016

El filo más afilado de la poesía.

Ya no trabajo en Madrid. Estoy descolgado de cualquier proyecto de escritura a largo plazo. Desde hace años, comparto textos deslabazados en una página de Internet, donde conozco a varias personas muy importantes en el proceso de investigación de las condiciones de la escritura. No les conozco personalmente a ninguno. Con el tiempo, van apareciendo historias detrás de ellos. Unos son perfiles falsos vocacionales, auténticos avatares conscientes de sí mismos. Es el caso de la magnífica Soledad Arcos. Otros padecen el falso anonimato, como nomegustanlosapodos. Otros, superponen identidad off y on-line, siendo indisoluble para mí: Ysobelt Nasky.

Aprendo más leyéndoles a ellos, sus textos, sus ambiciones artísticas, sus fracasos, ... que leyéndome a mi mismo. Yo también he creado un avatar. Bueno, muchos. Creo un avatar para cada línea de investigación. Sin embargo, siempre termino rozándome con los mismos.

Hay uno de estos avatares que desaparece. Es alguien con quien no interacciono más allá de los textos. Es locuaz y provocador. A menudo, escribo sólo para leer su crítica. Recuerdo especialmente sus comentarios sobre si un poema debía entenderse por sí solo o podía apoyarse para ello en un enlace de una noticia (ya por entonces solía utilizar ese recurso en mis escritos semi-automáticos en respuesta a hecho de la actualidad). Pero, como digo, este avatar, Aristidemo, desaparece.

De repente, tiempo después, me asaltan los hechos. Conozco su país de origen, hasta su ciudad, su profesión, su familia, ... Porque otros avatares me cuentan que el personaje offline en el que Aristidemo se apoya, ha decidido no seguir vivo.

Dejo de escribir.

Mi hermana me hace llegar dos libros de Christian Salmon. Un crítico de arte, que analiza cómo surgen determinados fenómenos en el mundo de la moda. También realiza la primera crítica que llega a mis manos del story-telling.

Necesitamos relatos. Creamos un guión que da sentido a nuestro pasado, nuestro presente y nos permite afrontar el futuro. Lo importante no es tanto si es real o no, sino que es imprescindible. La crisis de los metarelatos llamada posmodernidad, no es tal. Simplemente es la imposición de que cada no de nosotros tendremos que, individualmente, construir nuestro propio relato. Ya no te viene hecho, somos una fábrica postfordista, toyotista, just-in-time, de producir relato.

Consumismos relatos de la publicidad, del arte, de las redes sociales, de nuestras interacciones con avatares, con personajes offline... para inspirar el nuestro propio. El story-telling es el arte de proporcionar un relato a los demás para que una institución, empresa, o producto, funcione. La publicidad no concibe ya marcas, como criticaba Naomi Klein en No-Logo, sino relatos. Compramos un relato, que adquirimos a través de un producto. Comienzo mi trabajo en Iniciativas Educativas para la alfabetización visual frente a la publicidad. Vuelco ahí todas mis energías: talleres de teatro y audiovisual, que permitan a las personas en riesgo de exclusión o en procesos educativos en general, crear su relatos de forma autogestionada.

Pero todo va saltando por los aires. El espacio que estábamos abriendo en Granada (y que en su momento me hacía volver cada dos fines de semana desde Madrid), entra en una fase de redefinición, en la que yo no quiero continuar. Iniciativas no consigue consolidarse como espacio profesional. María, mi pareja, consigue un trabajo en Vic.

Vuelve una soledad extraña, parecida a la de Madrid hace siglos. Vuelvo a escribir. No sé cómo, retomo contacto con aquellos avatares, que han tomado rostro. He abrazado a algunos de ellos. Vuelvo a escribir. Vuelvo a consumir pornografía bajo el asalto de su publicidad en las páginas de enlaces de descarga de películas y música pirateadas. Aparece el mundo de las webcammer: @Dulce_bcn

Ahora tengo una respuesta para el Pornoyonqui: es necesario deshacerme del novelismo sucio. Una novela, un cuento bien cuadrado, permitirá colar bajo cuerda mis argumentos, mi trabajo teórico, dentro del caudal del relato de unos personajes que se naturalizan literariamente. Vamos, que puede funcionar, puede invitar a quien lea a entrar en un ambiente perfecto, un sistema construido por mí en el que los personaje evolucionan coherentemente dentro de unas variables construidas por mí, y que el mismo dejarse llevar por la lectura invisibiliza como construcción.

Por eso necesito la poesía. La unión de emoción e idea que permite es brutal, pero quizás no lo más afilado. Sin pretender que tenga esta utilidad, pero llevo ensayando y jugueteando con una forma de hacer poesía que, además de funcionar, permita distancia y que sea visible el engranaje. Estrofas y versos que se rompen, obligando a quien bucea en esa caudal, en ese relato, a preguntarse por el sentido que aporta en cada presa. Esta crítica a la pornografía debe poner en lo común emoción e idea y, a la vez, maldita sea, debe hacer visible el truco. Hay un relato, sí, pero está agujereado y, si quieres dejarte llevar, tendrás que preguntarte porqué y dónde estás.

Aparece el embrión de @Alicia_Hot. Miguel Ángel Ortega Lucas lo llama, con la boca llena de salsa mientras engullimos un shawarma en Calle Elvira, después de que lo cerraran todo, "artefacto".

Deuda con Brecht y el distanciamento. Que funcione, sí, como un mecanismo. Y, a la vez, sepas que es un mecanismo. Un proceso de conciencia que sepas que es un proceso de conciencia.

sábado, 2 de enero de 2016

La poesía contra el relato. ¿Por qué @Alicia_Hot no es una novela de realismo sucio?

Comienza el año 2010. Trabajo en Madrid de teleoperador para una empresa que engaña mayoritariamente inmigrantes y jubiladas para hacerlas socias de varias ONGs. Mi trabajo es volver a fidelizar, es decir, realizar recobros de las persona que se han dado de baja como socias de estas ONGs. Para ello, debo hacerme pasar por trabajador de la ONG respectiva y provocar crisis de conciencia en la persona que ha decidido darse de baja. Es decir, trabajo como cualquier teleoperador de ventas, solo que utilizo consignas como: sin tu ayuda, muchos pasarán hambre. Mi empresa nada tiene que ver con el trabajo de campo de una ONG, sino que externaliza a estos departamentos de socios. En esta época, nos hacemos pasar por Cruz Roja, Asociación Española Contra el Cáncer, Fundación Internacional Josep Carreras, WWF-Adena y Solidaridad Internacional. Mi jefa, la directora del departamento, es una antigua teleoperadora de ventas que conoce nuestra desidia y deseos de mandar a la mierda cada minuto de nuestra existencia en esas cuatro paredes. Es por ello que es brutal.

Vivo solo (aunque comparto piso con otras 10 personas a las que no conozco), no tengo pareja, y utilizo pornografía para gastar una energía mental hiperestimulada en el trabajo y en las clases.

Vuelvo a Granada cada dos fines de semana. El sueldo me da para pagar mis estudios en la Sala Metáforas, el alquiler, comer, metro y el viaje en Alsa. He expropiado a la Casa del Libro "Testo yonki", de Beatriz Preciado (hoy Beatriz Paul Preciado). También resulta expropiado, pero en la FNAC, "Teoría King - Kong" de Virgine Despentes. En ellos, descubro una nueva forma de criticar la pornografía: la de la frustración. La pornografía no produce satisfacción, sino frustración. Es por eso que vuelves a consumir. Nace el primer relato del primer personaje de "@Alicia_Hot". La primera bocanada de aire en los pulmones de Pornoyonqui.

Me gusta cómo diagnostican la pornografía, pero desobedezco su manera de plantearlo sin posibilidad para la desobediencia. Por eso, Pornoyonqui, no es un ignorante. Sabe lo que se hace. Igual que los adictos a la heroína de mi barrio, cuando habían recibido el chute, sabían lo que se hacían y nos lo contaban con una lucidez asombrosa a los niños que jugábamos entre ellos en los descampados del 18013. Justo unos minutos antes de convertirse de nuevo en animales babeantes a la búsqueda de nuestros veinte duros.

El Teatro de la Escucha, en el que estoy formándome por entonces en Madrid, deja muchas cosas en mí. Una de ellas es la de no aceptar la dialéctica negativa que desmonta las estructuras, y también toda forma de resistencia. Beatriz Paul rezuma, también, lo peor de Derrida. Pornoyonqui sabe de la esperanza, pero es impotente. El cuento es perfecto. Todas las justificaciones son perfectas. El desarrollo del personaje es creíble.

Y ese es el problema.

Tengo el comienzo de una novela de realismo sucio. Seduce a los primeros lectores. Les "engancha", dicen textualmente. Tengo un relato que funciona. Eso me hace desconfiar, de repente. ¿Es eso lo que quiero? Igual que como teleoperador-chantagista, paso bajo las defensas de viejas e inmigrantes enmascarando como defensa del bien común el interés corporativo de mi empresa, ¿he creado un relato que "se la cuela a cualquiera"?

No, no es esto lo que busco. @Alicia_Hot tendrá que esperar, aunque por entonces aún no sabía a qué.

Empezamos: La gente no lee poesía.



"La gente no lee poesía". Ese es un punto de inicio. Entonces, ¿por qué escribir poesía, cuando la necesidad es entrar a diálogo con los demás y no hablar una y otra vez de uno mismo?

La gente lee poca poesía porque la poesía es, mayoritariamente, la invitación al mundo interior de la personalidad autora, necesariamente asociada a la marca/nombre. Quien escribe (y publica) poesía, nos invita a su mundo interior, a su personal intimidad. El poemario desarrolla ese jardín interior, cuyo interés radica, en buena manera, en valorar como interesante el nombre, la marca de autoría. Leemos a Luis García Montero, a Federico García Lorca, ... porque ese nombre es sinónimo de una sensibilidad a la que queremos acceder. Queremos perdernos por un momento entre sus delirios amorosos, sus penas, ...

Pero yo nunca he querido hacer eso. El trabajo de jardinero de interiores no me parece ni mal ni bien y, debo decir que, como lector, muy a menudo me ha interesado justo para poder entender la subjetividad de alguien que pone en la puerta de su sensibilidad: "pasen y vean". Sin embargo, a la hora de ejercerlo yo, siempre me pareció ... bueno, me pareció muchas cosas, pero sobre todo aburrido y sin interés. Yo sólo tengo ideas. Tengo ideas, que desarrollo mejor literariamente que a través de ensayo. Y quiero que esas ideas influyan en los demás, igual que las ideas de los demás influyen en mí. Y esas ideas las lanzo, porque versan sobre lo común. Sobre la explotación de nuestras vidas, la esperanza de la lucha, el olvido de lo que nuestra comunidad comparte... Y utilizo la literatura porque es necesario, además de la idea, la emoción que provoca y que la causó. Sin la emoción, la idea está coja y sin asideros.

Entonces, cuando surge una idea que deseas compartir a través de la literatura, ¿por qué usar poesía, cuando sabes que ya estás entrando en un mundo minoritario y asociado a lo privado?

Yo tenía una idea: la pornografía como contenido gratuito en Internet explota también los cuerpos usuarios. ¿Por qué entonces no usar una novela encuadrada en el realismo sucio para desarrollar la crítica a este dispositivo?